Como empleado y miembro del Consejo de EOT, he visto cómo este modelo refuerza nuestro propósito compartido y nuestra responsabilidad.
El accionariado de los empleados refuerza el hecho de que todos trabajamos por los mismos objetivos a largo plazo. No somos meros empleados, somos copropietarios, comprometidos con el éxito de una empresa que apoya a organizaciones con fines determinados en los ámbitos de la educación, la investigación, la sociedad y el medio ambiente.

Nos ha aportado más atención, más curiosidad y una comprensión más clara del valor de nuestra colaboración.
También estamos buscando formas de acercar a nuestros colegas de todo el mundo con iniciativas compartidas que conectan a los equipos a través de las zonas horarias. El objetivo es reforzar la comunicación, la colaboración y una cultura que refleje el enfoque integrador, profesional y basado en valores por el que siempre nos hemos esforzado.
Formar parte de la EOT refuerza la cultura que ya teníamos: una que valora la profesionalidad, la inclusión, la creatividad y el impacto. No es un eslogan, es nuestra forma de trabajar. La implicación de los empleados ha hecho que ese compromiso sea más intencionado.
En general, ser una EOT no es el punto final, sino una forma de seguir construyendo algo sostenible, justo y arraigado en valores compartidos.