¿Cómo ha influido su identidad de líder negro en su forma de abordar el poder, el liderazgo y la inclusión en las comunidades e instituciones en las que ha trabajado?
A lo largo de mi carrera, las actitudes hacia la raza han cambiado, pero a menudo parece como si diéramos un paso adelante y dos atrás. Muchas de las libertades y avances por los que luchamos hace treinta años vuelven a serlo hoy.
En mis primeros años, me centré más en ser un buen líder que en ser un líder negro. Con el tiempo, me di cuenta de que esas dos cosas no pueden separarse. Muchas de mis experiencias estaban marcadas por la raza. Ignorarlo significaba que no podía apoyar adecuadamente a otros que navegaban por espacios similares.
Liderar como hombre negro en el sector del voluntariado es complejo. A veces, las mismas instituciones que se consideran progresistas pueden limitar o silenciar a las comunidades a las que dicen servir. Eso hace que el trabajo sea más duro, porque te encuentras negociando no solo la resistencia externa, sino también las contradicciones dentro del propio sector.
Cuando a menudo eres la única persona de color en la sala, todo lo que dices tiene un peso diferente. Cuanto más alto llegas, más puede crecer ese aislamiento. Se necesita confianza y fe en uno mismo para seguir contribuyendo de forma significativa en esos espacios.
Sin duda, la raza ha marcado mi trayectoria y mis oportunidades. Pero también he aprendido que no basta con tener razón. En este trabajo, puedes tener a la justicia de tu parte y aun así no avanzar. Lo que importa es construir movimientos, cambiar mentalidades y crear las condiciones para un cambio duradero.